
DIARIO DE LAS NUBES
Cap. I
MI TIEMPO
Hoy es un día cualquiera, en esta noche cualquiera, he decidido sentarme aquí para hablar de mi, cosa que normalmente detesto hacer y lo evito de cualquier forma, pero sin embargo creo que a veces es necesario vaciar el interior, desahogarse, para ver como están las paredes de este motor que nos hace caminar, nuestro corazón, y comprobar si necesitan un remiendo o una mano de pintura.
Comenzaré por intentar expresar en que punto de mi vida me encuentro, para ver mi pasado y valorar desde esta situación todo lo que tenía, y a la vez, desde este mismo punto intentar mirar el horizonte y reconocer que espero de todo lo que he conseguido y lo que soy.
Realmente y desde el punto más optimista y esperanzador que logro encontrar en mí, creo que estoy en un punto de partida, de partida de todo, o quizás de nada. Veo ante mi todas las posibilidades existentes y necesarias para ser quien quiero ser, para demostrarte a mi mismo, de una vez por todas lo que llevo tiempo intentando acertar y hacer con mi vida que ha navegado a la deriva durante demasiado tiempo, ciertamente demasiado tiempo.
Y ahora encuentro ese punto negativo, esos puntos negativos, de los que no consigo zafarme, ni ayer ni hoy, tal vez mañana…El tiempo, esa medida absurda que inventó el hombre sólo para tener prisa, para envejecer, para llegar tarde, aunque sea un segundo, a cualquier cita, a cualquier sitio, a cualquier tren…aunque sea de esos que no van por raíles. Hace años que no llevo reloj, me molestan en la muñeca, me siento pesado; es absurdo, pero si lo comparo con mi vida me doy cuenta que no quiero mirar las manecillas o el calendario y darme cuenta que voy tarde, que ya ha pasado lo que debía de pasar, que mi cita se ha marchado, que han recogido el escenario, las maletas y han bajado el telón, que el tren ha salido sin mi, que el tiempo me ha ganado la partida, aunque sea por un solo segundo, y yo no he tenido un reloj en la muñeca para mirar a qué hora pasaba todo esto; y esta sensación asfixia, más cuanto más pasa el tiempo.
Y en esta tempestad de segundos, y horas, y años, también he perdido las fuerzas, la necesidad, el orgullo se ha convertido en conformismo, en estar y no ser por pura vagancia; todo se ha transformado en su antónimo, en su reverso, de polo positivo a polo negativo, y en el mejor de los casos…neutro. Y hay que interferir en lo que te rodea o no eres nada, si no intervenir, hay que aportar, porque, ¿qué quedará de mí cuando todo se apague si no es la palabra dicha, el momento compartido, la vela que encendí o la mano que posé sobre otra mano?; cuando te fui a buscar, a cualquier sitio, allí estabas tú para mañana recordarlo; ¿recuerdas cuando después de llorar te abracé? ¿ lo recuerdas? pues yo solo recuerdo de aquel bello momento que eras tú quien me abrazaba… Y es que lo que no dije, nadie lo escuchó; lo que lloré en mi cama se secó en mis mejillas; y no hay abrazo más triste que unas manos que acarician el aire…
Y me veo, mientras pasa el tiempo en este camino de pasar inadvertido, de no sentir, todo convertido en aire.
Nada me emociona, y si lo hace, pasa sin dejar huella, o yo mismo intento que no la deje. Porque no quiero aferrarme a lo que perderé, a la nostalgia infinita, al sueño perecedero, porque todo ha sido así hasta ahora y no tiene por qué cambiar, o no hay señales que me hagan pensar que el cambio va a suceder… Y ahora podrás pensar y decirme… Déjate de verbos pasivos y actúa, provoca el cambio… Pero no hay ganas, no hay fuerza, las malgasté ayer en tantas cosas en las que puse todo mi empeño, a las que entregué mi vida en cuerpo y alma que agoté la reserva que me había sido entregada por alcanzar una utopía, una ilusión pasajera…y hoy ya no hay esperanza, no la siento sólo siento que he gastado o malgastado mi tiempo.