La Memoria De Las Aves

jueves, mayo 18, 2006

DONDE ESTA EL SEXO?


Donde me habré dejado el sexo? En Nueva York?...Pues no se,si supiera con certeza que lo olvidé allí iría sin dudas a recogerlo, estoy seguro que sería más cómodo que ir de caza,cosa que yo no hago, aunque me vista a menudo para ello; pero chicos...y chicas...es que si dijeras te preparas a propósito(esto quiere decir...afeitado,depilado,baño,hidratación a base de buenas cremitas,las mías lo son,allá cada uno con su cutis,je,je...y un modelazo, and etc...porque yo no cuento el glossy y esas mariconadas,jajaja)...sigo con lo que decía...prepararte a propósito para que luego el resto del mundo, muy a tu pesar, no este a la altura de las circunstancias,con esto me quiero referir a tus propias necesidades, que son las mías también..Eso es una verdadera Putada.
¡Quiero ser Carrie Bradshaw porque ella llega a casa y se le olvida todo delante de un iMac; porque tiene a Prada a sus pies( y no es de mis favoritos, la salva mi amigo D&G para el que desfiló en una de sus pasarelas); puede usar Manolos,eso la eleva al rango de Diosa; le sienta bien el rosa y yo lo odio,por eso me gusta ella aún más; siempre va fantástica, ideal...y a todo lo negativo le termina sacando el lado positivo, (incluso a mi me saca mi lado más mariquiiiita)...pero esta claro que con unos Manolos es fácil, además de no tocar el suelo, te elevan al séptimo cielo...
Pero sobre todo y por encima de todo,quiero ser como ella porque...Sabe dónde esta el Sexo, aunque sea en Nueva York!

sábado, mayo 06, 2006


DIARIO DE LAS NUBES
Cap. II
LA FIERA INTERIOR
Es fácil ilusionarse, comenzar a sentir y dejarse llevar, hacia cualquier sitio, con tal que sea distinto al que me encuentro ahora, estancado y hastiado, varado como las ballenas vienen sin razón alguna a dejarse morir en la playa, quizás porque ellas también han perdido el rumbo, el sentido de la orientación, la deriva es su único norte.
Un animal busca por instinto lo que necesita, cueste lo que cueste; lleva en sus genes innato el deber a la supervivencia, es su más ancestral instinto, sobrevivir, y de no ser él, entregar en herencia su material genético y repetirse en sus hijos para volver a vivir en cada generación…
¿Qué tengo yo de animal entonces? Si cada día me dejo morir sin oponer resistencia, sin lucha alguna, sin la más mínima oposición al desastre. Hay días que me siento aquí y comienzo a escribir, que ya de por sí es, o muy buena, o muy mala señal, pero una señal al fin y al cabo, la de que aún sigo aquí y tengo algo de fuerzas; hay días, como hoy, que cuando llega la madrugada empiezo a pensar en todo lo que ha sucedido durante el día, y comienzo a escribir… Y comparo estas teclas con las de un piano que produce una nota con cada pulsación, un acorde con cada palabra. Poco a poco se van uniendo los sonidos, con sus pausas, corcheas y semicorcheas; deslizo mis dedos sobre el blanco y negro intentando componer una partitura que remedie este dolor intenso cada vez que sea interpretada, que cuando la oiga realmente compongan una verdadera melodía, música para mi corazón. Pero siempre, al terminar de interpretar mi obra, al escuchar el resultado, solo consigo un sin fin de desentonados acordes sin sentido ni rastro de musicalidad. Un montón de palabras negras sobre un fondo blanco que convertiré en papel arrugado arrojado a la basura. Y es que no consigo esa sinfonía que amanse la fiera que lucha dentro de mí, arañándome de angustia y desesperanza, ahogando la ilusión que tuve y que no quiere vivir, o sobrevivir, que no es poco; y deja de escribir lo que ansía, lo que siente, sobre ese teclado blanco y negro, en el que a veces sueño que termino por fin la partitura y consigo del desaliento hacer brotar la música, como si realmente entre mis manos tuviese las teclas de un verdadero piano.


DIARIO DE LAS NUBES
Cap. I
MI TIEMPO
Hoy es un día cualquiera, en esta noche cualquiera, he decidido sentarme aquí para hablar de mi, cosa que normalmente detesto hacer y lo evito de cualquier forma, pero sin embargo creo que a veces es necesario vaciar el interior, desahogarse, para ver como están las paredes de este motor que nos hace caminar, nuestro corazón, y comprobar si necesitan un remiendo o una mano de pintura.
Comenzaré por intentar expresar en que punto de mi vida me encuentro, para ver mi pasado y valorar desde esta situación todo lo que tenía, y a la vez, desde este mismo punto intentar mirar el horizonte y reconocer que espero de todo lo que he conseguido y lo que soy.
Realmente y desde el punto más optimista y esperanzador que logro encontrar en mí, creo que estoy en un punto de partida, de partida de todo, o quizás de nada. Veo ante mi todas las posibilidades existentes y necesarias para ser quien quiero ser, para demostrarte a mi mismo, de una vez por todas lo que llevo tiempo intentando acertar y hacer con mi vida que ha navegado a la deriva durante demasiado tiempo, ciertamente demasiado tiempo.
Y ahora encuentro ese punto negativo, esos puntos negativos, de los que no consigo zafarme, ni ayer ni hoy, tal vez mañana…El tiempo, esa medida absurda que inventó el hombre sólo para tener prisa, para envejecer, para llegar tarde, aunque sea un segundo, a cualquier cita, a cualquier sitio, a cualquier tren…aunque sea de esos que no van por raíles. Hace años que no llevo reloj, me molestan en la muñeca, me siento pesado; es absurdo, pero si lo comparo con mi vida me doy cuenta que no quiero mirar las manecillas o el calendario y darme cuenta que voy tarde, que ya ha pasado lo que debía de pasar, que mi cita se ha marchado, que han recogido el escenario, las maletas y han bajado el telón, que el tren ha salido sin mi, que el tiempo me ha ganado la partida, aunque sea por un solo segundo, y yo no he tenido un reloj en la muñeca para mirar a qué hora pasaba todo esto; y esta sensación asfixia, más cuanto más pasa el tiempo.
Y en esta tempestad de segundos, y horas, y años, también he perdido las fuerzas, la necesidad, el orgullo se ha convertido en conformismo, en estar y no ser por pura vagancia; todo se ha transformado en su antónimo, en su reverso, de polo positivo a polo negativo, y en el mejor de los casos…neutro. Y hay que interferir en lo que te rodea o no eres nada, si no intervenir, hay que aportar, porque, ¿qué quedará de mí cuando todo se apague si no es la palabra dicha, el momento compartido, la vela que encendí o la mano que posé sobre otra mano?; cuando te fui a buscar, a cualquier sitio, allí estabas tú para mañana recordarlo; ¿recuerdas cuando después de llorar te abracé? ¿ lo recuerdas? pues yo solo recuerdo de aquel bello momento que eras tú quien me abrazaba… Y es que lo que no dije, nadie lo escuchó; lo que lloré en mi cama se secó en mis mejillas; y no hay abrazo más triste que unas manos que acarician el aire…
Y me veo, mientras pasa el tiempo en este camino de pasar inadvertido, de no sentir, todo convertido en aire.
Nada me emociona, y si lo hace, pasa sin dejar huella, o yo mismo intento que no la deje. Porque no quiero aferrarme a lo que perderé, a la nostalgia infinita, al sueño perecedero, porque todo ha sido así hasta ahora y no tiene por qué cambiar, o no hay señales que me hagan pensar que el cambio va a suceder… Y ahora podrás pensar y decirme… Déjate de verbos pasivos y actúa, provoca el cambio… Pero no hay ganas, no hay fuerza, las malgasté ayer en tantas cosas en las que puse todo mi empeño, a las que entregué mi vida en cuerpo y alma que agoté la reserva que me había sido entregada por alcanzar una utopía, una ilusión pasajera…y hoy ya no hay esperanza, no la siento sólo siento que he gastado o malgastado mi tiempo.


LA MEMORIA DE LAS AVES

Recuérdame que soy paloma y no velero
que me lleva el aire y no la mar.
Y no me dejes si la noche viene fría
que me recorra sus escarchas
y despunte adormecido
toda la madrugada.
No me dejes amor, amar sin tiempo
que me duelen las ganas
y me abrazo al colchón de la pereza,
y me duerme su ausencia entre la sangre
ya saciada.
Recuérdame que me vista de pasiones
para que puedas desnudarme
y repetirte en mi piel y en su sombra.
Recuérdame que ya no tengo la memoria
de las aves
y me puede, un día cualquiera,
descubrir atormentadouna manta pesada de fría soledad.