
DIARIO DE LAS NUBES
Cap. II
LA FIERA INTERIOR
Es fácil ilusionarse, comenzar a sentir y dejarse llevar, hacia cualquier sitio, con tal que sea distinto al que me encuentro ahora, estancado y hastiado, varado como las ballenas vienen sin razón alguna a dejarse morir en la playa, quizás porque ellas también han perdido el rumbo, el sentido de la orientación, la deriva es su único norte.
Un animal busca por instinto lo que necesita, cueste lo que cueste; lleva en sus genes innato el deber a la supervivencia, es su más ancestral instinto, sobrevivir, y de no ser él, entregar en herencia su material genético y repetirse en sus hijos para volver a vivir en cada generación…
¿Qué tengo yo de animal entonces? Si cada día me dejo morir sin oponer resistencia, sin lucha alguna, sin la más mínima oposición al desastre. Hay días que me siento aquí y comienzo a escribir, que ya de por sí es, o muy buena, o muy mala señal, pero una señal al fin y al cabo, la de que aún sigo aquí y tengo algo de fuerzas; hay días, como hoy, que cuando llega la madrugada empiezo a pensar en todo lo que ha sucedido durante el día, y comienzo a escribir… Y comparo estas teclas con las de un piano que produce una nota con cada pulsación, un acorde con cada palabra. Poco a poco se van uniendo los sonidos, con sus pausas, corcheas y semicorcheas; deslizo mis dedos sobre el blanco y negro intentando componer una partitura que remedie este dolor intenso cada vez que sea interpretada, que cuando la oiga realmente compongan una verdadera melodía, música para mi corazón. Pero siempre, al terminar de interpretar mi obra, al escuchar el resultado, solo consigo un sin fin de desentonados acordes sin sentido ni rastro de musicalidad. Un montón de palabras negras sobre un fondo blanco que convertiré en papel arrugado arrojado a la basura. Y es que no consigo esa sinfonía que amanse la fiera que lucha dentro de mí, arañándome de angustia y desesperanza, ahogando la ilusión que tuve y que no quiere vivir, o sobrevivir, que no es poco; y deja de escribir lo que ansía, lo que siente, sobre ese teclado blanco y negro, en el que a veces sueño que termino por fin la partitura y consigo del desaliento hacer brotar la música, como si realmente entre mis manos tuviese las teclas de un verdadero piano.
Un animal busca por instinto lo que necesita, cueste lo que cueste; lleva en sus genes innato el deber a la supervivencia, es su más ancestral instinto, sobrevivir, y de no ser él, entregar en herencia su material genético y repetirse en sus hijos para volver a vivir en cada generación…
¿Qué tengo yo de animal entonces? Si cada día me dejo morir sin oponer resistencia, sin lucha alguna, sin la más mínima oposición al desastre. Hay días que me siento aquí y comienzo a escribir, que ya de por sí es, o muy buena, o muy mala señal, pero una señal al fin y al cabo, la de que aún sigo aquí y tengo algo de fuerzas; hay días, como hoy, que cuando llega la madrugada empiezo a pensar en todo lo que ha sucedido durante el día, y comienzo a escribir… Y comparo estas teclas con las de un piano que produce una nota con cada pulsación, un acorde con cada palabra. Poco a poco se van uniendo los sonidos, con sus pausas, corcheas y semicorcheas; deslizo mis dedos sobre el blanco y negro intentando componer una partitura que remedie este dolor intenso cada vez que sea interpretada, que cuando la oiga realmente compongan una verdadera melodía, música para mi corazón. Pero siempre, al terminar de interpretar mi obra, al escuchar el resultado, solo consigo un sin fin de desentonados acordes sin sentido ni rastro de musicalidad. Un montón de palabras negras sobre un fondo blanco que convertiré en papel arrugado arrojado a la basura. Y es que no consigo esa sinfonía que amanse la fiera que lucha dentro de mí, arañándome de angustia y desesperanza, ahogando la ilusión que tuve y que no quiere vivir, o sobrevivir, que no es poco; y deja de escribir lo que ansía, lo que siente, sobre ese teclado blanco y negro, en el que a veces sueño que termino por fin la partitura y consigo del desaliento hacer brotar la música, como si realmente entre mis manos tuviese las teclas de un verdadero piano.

1 Comments:
Te quiero y quiero que sepas algo que no sé si te he dicho alguna vez y es que me siento muy orgulloso de ser primo de alguien tan especial como tú. Enriqueces mi vida así que no te rindas, échale cojones, vuelve a levantarte una y mil veces, porque yo creo en ti y estoy y estaré siempre ahí, a tu lado.
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